"LAS ILUSTRACIONES
EN LA LITERATURA INFANTIL "
Víctor
Montoya
En
las últimas
décadas se ha incrementado la publicación
de libros profusamente ilustrados, en los cuales
el texto y la imagen se complementan entre sí para
formar un todo y facilitarle al niño la mejor
compresión de la lectura, puesto que la ilustración,
además de estimular la fantasía en
ciernes, es un recurso indispensable para el goce
estético de la literatura infantil. De ahí que,
mientras el adulto lee un cuento en voz alta, el
niño se deleita mirando las ilustraciones.
Lo que hace suponer que para el niño, así como
es importante el contenido del cuento, es igual de
importante la ilustración que acompaña
el texto; más todavía, existen libros
infantiles cuyas imágenes gráficas
no requieren de texto alguno, pues son tan sugerentes
que cuentan una historia por sí solas.
La imagen y su representación idiomática
ocupan un lugar central en los cuentos, ya que los
símbolos de los cuentos se prestan a la representación
gráfica. La imagen y la palabra son dos funciones
expresivas, que se reflejan y complementan tanto
en el desarrollo de la función idiomática
como en la estética. Por otra parte, la percepción
de las ilustraciones, la destreza en la lectura,
el interés y la madurez, varían entre
los niños de la misma edad. Asimismo, los
niños no sólo se sienten atraídos
por el ruido que, al hojear, producen los libros
y las revistas, sino también por las imágenes
que éstos contienen.
La literatura infantil, en toda época y lugar,
ha sido una especie de vertedero ideológico
y estético, donde cabía todo lo que
estaba mal escrito o impreso; primero porque se la
consideraba un opúsculo al margen de la llamada "buena
literatura"; y, segundo, porque se creía
que bastaba con darle al niño los subproductos
lanzados por el mercantilismo grosero. Es decir,
esos libros con letras microscópicas y textos
escasos y pobres, con ilustraciones de mala calidad
y una encuadernación que se deshacía
en las manos del lector antes de cerrar las tapas;
cuando en realidad, lo que espera el niño
es un libro que le llene de gozo a primera vista
y le estimule las inquietudes de su fuero interno.
En los últimos decenios, si en algo se pusieron
de acuerdo los psicólogos, pedagogos, ilustradores
y escritores, es en la presentación que debe
ostentar la literatura infantil, no sólo en
cuanto al formato, al tipo de letra y la encuadernación,
sino, sobre todo, en cuanto a las ilustraciones que,
además de enseñar a diferenciar los
tamaños y colores, contribuyen a la comprensión
del texto.
Jan Amos Comenius (1592-1670),
considerado el padre de la pedagogía moderna, fue el primero que
intentó renovar los libros de texto en base
a las ilustraciones. La publicación de su
libro "Obis Pictus", en 1658, causó un
revuelo entre los educadores de su época,
puesto que se trataba de un libro cuyas imágenes
transmitían tantos conocimientos como los
textos. Por tanto, es de suponer que en el libro
ilustrado, "el niño tendrá su
primer encuentro con una fantasía estructurada,
reflejada en su propia imaginación y animada
por sus propios sentimientos. Es allí donde,
a través de la mediación de un lector
adulto, descubrirá la relación entre
el lenguaje visual y el lenguaje verbal. Luego, cuando
esté solo y repase las páginas del
libro, una y otra vez, las ilustraciones le harán
recordar las palabras del texto" (Lionni, L.,
1985, p. 30).
Los expertos sostienen que cualquier
niño,
que tiene un libro en sus manos, es inmediatamente
cautivado por las láminas a colores, debido
a que comprende, antes que ningún otro idioma,
las láminas que le transmiten mensajes y le
suministran emociones estéticas. Por otro
lado, desde la Primera Feria del Libro Infantil y
Juvenil, celebrado en 1964, la plástica se
ha convertido en un serio competidor de la palabra
escrita, pues la ilustración no sólo
es un elemento perfectamente válido en cuanto
transmisor del contenido narrado, sino como realización
estética, válida también por
sí misma, y a cuya excelencia el pequeño
lector tiene todo el derecho como a la belleza literaria.
En escritor español Miguel de Unamuno, quien
recordaba más las imágenes gráficas
que las primeras letras de su infancia, confesó,
en su libro "Recuerdos de niñez y de
mocedad", lo siguiente: "Lo que llevamos
metido más dentro del alma son aquellos grabados
en cuya contemplación aprendimos a ver aquellas
viejas ilustraciones. Para el niño no adquiere
eficacia y virtud la sentencia sino como leyenda
de un grabado, y acaso los más de los preceptos
morales que ruedan de boca en boca y de texto en
texto sin encarnar en las acciones, se debe a que
no han encontrado todavía la figura visible
de color y línea a que servir de leyenda" (Unamuno,
M. de, 1942, p. 49).
En Alemania se comenzó con la litografía,
que entre 1800 y 1830 tuvo un desarrollo significativo.
Pero los libros de imágenes alcanzaron su
mayor esplendor en el siglo XX, junto a la litografía
que era la clave para reproducir imágenes
gráficas. Ya a principios de 1900, los cuentos
populares, que fueron paulatinamente adaptados para
los niños, contenían excelentes ilustraciones
en blanco y negro. Con el transcurso del tiempo,
los textos se han combinado con las ilustraciones,
que constituyen un excelente recurso didáctico
para hacer más ameno un texto extenso y compacto.
En la actualidad, en el mundo de la literatura infantil,
es abundante la producción de libros en cuyas
páginas se complementan el texto y las ilustraciones,
en un proceso dinámico que refleja la importancia
de cómo se maneja el dibujo y cómo éste
influye en la mente humana.
El complejo mensaje del arte
gráfico estuvo
siempre vinculado a la literatura infantil y juvenil,
basta recordar algunos nombres célebres del
siglo XIX y principios del siglo XX: el pintor alemán
Ludwig Richter, que reunió en torno suyo a
varios artistas de su época, entre ellos al
danés Lorenz Frolich, fue uno de los primeros
en ilustrar "Robinson Crusoe" de Daniel
Defoe y los cuentos populares de los hermanos Grimm.
En Francia, Gustavo Doré ilustró los
cuentos de Charles Perrault, y Arthur Rackhan, aparte
de ilustrar "Alicia en el país de las
maravillas" de Lewis Carroll y el famoso "Peter
Pan" de Sir James Barrie, supo crear, asimismo,
una atmósfera poética en sus trabajos,
que van desde sus ilustraciones de los cuentos de
H-C. Andersen, hasta sus dibujos del mundo caballeresco
del Rey Arturo. Libros infantiles y juveniles que
hoy constituyen verdaderas joyas de arte.
La relevancia que la ilustración concede
a la literatura infantil hizo que en varios países
se supere la clásica división entre
el escritor y el ilustrador, del mismo modo como
se superó la diferencia existente entre el
escritor a secas y el escritor de la literatura infantil.
En Estados Unidos y Europa, por ejemplo, el artista
de las imágenes gráficas y el artista
de la palabra escrita tienen los mismos derechos
de autor, y ningún ilustrador tiene ya la
necesidad de luchar contra el autor o editor para
que su nombre figure en la cubierta de los libros,
pues se sobreentiende que la ilustración es
una creación artística semejante a
la literatura. Además, la fusión entre
el escritor y el ilustrador no solamente implica
la fusión entre la imagen y texto, sino la
creación de una obra digna de ofrecérsela
a los niños, ya que si ambos se aferran a
su propio arte, a su propio estilo y a sus propias
ideas, lo más probable es que la ilustración
no sea una trascripción enriquecedora del
texto. Lo que implica que tanto el ilustrador como
el escritor creen libros a partir del interés
de los niños y no a la inversa.
Ningún autor serio podrá referirse
a los pequeños lectores con el mismo lenguaje
que usa para comunicarse con los adultos, ni ningún
ilustrador podrá diseñar imágenes
de difícil comprensión, habida cuenta
que el sentido de la perspectiva de los niños
es diferente a la de los adultos; en parte, porque
los niños tienen más dificultades que
el adulto para reconocer una figura pequeña
que se esconde en una figura mayor, lo mismo que
para relacionar los detalles en una totalidad, no
sólo porque su cara es más pequeña
y sus ojos están más ceca el uno del
otro, sino también porque el niño ha
vivido menos y que, consiguientemente, tiene menos
experiencia en la cual basar sus juicios. Asimismo,
para reconocer los detalles de un dibujo doble, que
teóricamente exige una reorganización
de la percepción, el niño de 4 años
necesita más información que el niño
de 7 años.
Así, cuando se enseñan dibujos dobles
a niños de diferentes edades, se llega a la
conclusión de que la comprensión de
los dibujos está relacionada con la edad del
niño; un experimento que se ajusta a las teorías
de Jean Piaget, quien considera que la percepción
se mejora con la edad -maduración- y la experiencia
cognoscitiva.
En una investigación realizada se mostró imágenes
de personas, animales y cosas, compuestas de frutas
y verduras. En este experimento, casi todos los niños
de 4-5 años vieron sólo las partes;
en cambio los niños de 6-7 años vieron
tanto las partes como las totalidades. Un niño,
por citar un caso, dijo: "Yo veo frutas",
y después de volver la mirada sobre la imagen
añadió: "yo veo un muñeco
hecho de frutas". Es decir, no cabe duda que
los niños, a partir de los 8 años de
edad, pueden distinguir tanto los detalles como las
totalidades. Además, se debe considerar que
la percepción está vinculada a la motivación,
la motricidad, el desarrollo lingüístico
e intelectual.
La esquematización en la percepción
tienen que ver con la capacidad para organizar y
reorganizar mentalmente las partes y las totalidades
de un objeto observado, de modos que cada cual conserve
su característica particular. En el plano
lógico se decide las relaciones entre las
partes y las totalidades, por medio de una multiplicación
lógica. Un ejemplo de esto es ordenar una
palabra en una sopa de letras o distinguir la imagen
de un muñeco en un dibujo compuesto o complejo.
Según los expertos, los aspectos cualitativos
del desarrollo de la percepción se pueden
resumir del siguiente modo: la percepción
es un proceso a través del cual el organismo
se proporciona de información sobre el entorno.
No es casual que la percepción visual, que
tiene que ver con el sentido de la vista, domine
en la investigación sobre el tema de la percepción,
incluyendo sus partes psico-evolutivas, puesto que
la vista está considerada como el órgano
más importante del organismo humano, aunque
filogenéticamente la sensibilidad es más
vieja que el sentido de la vista y el oído
Kornei Chukovski, en su libro "De los dos a
los cinco", dice: "Todo poema para los
niños debe ser gráfico, ya que los
versos que los propios niños componen son,
por decirlo así, dibujos en verso (...) La
precisión gráfica de los versos infantiles
debe servir de brújula a los dibujantes que
ilustran libros para niños y a los poetas
que escriben para ellos". A lo que agrega el
ilustrador holandés Leo Lionni: "Para
el autor de libros para niños, es esencial
recuperar y expresar los sentimientos y las sensaciones
de sus más tempranos encuentros con las cosas
y los acontecimientos. Debe retornar a los lugares
y a las circunstancias de su niñez en busca
de los estados de ánimo y de las imágenes
de entonces, y debe inventar maneras de transformarlos
en lenguaje. Un libro para niños describe
esos momentos remotos cuando nuestra vida todavía
no había sido sometida a las imposiciones
y a las exigencias del mundo adulto, y cuando cada
experiencia personal, no importa cuán específica
fuera, adquiría sentido universal" (Lionni,
L., 1985, p. 28).
A cualquiera que dedique su
arte a la infancia, le será útil observar la creación
pictórica del mundo infantil, como quien para
filmar un río debe de zambullirse en sus aguas,
pues el dibujo del niño tiene una relación íntima
con su desarrollo emocional, perceptivo e intelectual.
Los niños sometidos a las tragedias de una
guerra, por ejemplo, dibujan un mundo lleno de aviones
y tanques, donde las víctimas yacen como soldaditos
de plomo; en tanto los niños que viven en
un contexto social armónico y pacífico,
dibujan un mundo como debería de ser, sin
genocidios, tanques ni aviones. Los niños
sordos tienden a dibujar orejas desproporcionadas
y los niños agresivos exageran el tamaño
de las uñas y los dientes. (Carlsson, H.,
1985, p. 62).
No obstante, cuando éstos pasan de la creación
personal a la apreciación y el goce estético,
prefieren las creaciones de los adultos y, entre
ellos, los más estrechamente vinculados a
la realidad, desde el punto de vista de la claridad
y la minuciosidad en los detalles, aunque algunos
sostienen que los niños se sienten atraídos
por los libros infantiles en cuyas páginas
aparecen animales desproporcionados o personas carentes
de simetría, con caras redondas, brazos y
piernas cortas, ojos enormes y bocas diminutas.
Todos son conscientes de que
el niño, a diferencia
del adulto, tiene un pensamiento mágico y
la capacidad de poderse imaginar una realidad que
se diferencia del pensamiento lógico. Es decir,
lo que para el adulto se manifiesta en conceptos
abstractos -en ideas-, para el niño se manifiesta
en imágenes, una experiencia que comparte
con algunos pintores como Marc Chagal, en cuyos cuadros
se ve a una pareja de enamorados volando sobre los
techos de París, a un muchacho tocando violín
en el tejado de una cabaña o a los ángeles
hablando de igual a igual con los mendigos. Los niños,
como los pintores cubistas, observan e imaginan la
realidad desde una perspectiva que no se ajusta a
la lógica racional, sino a las aventuras de
la imaginación, propias de los corazones eternamente
infantiles.
El ilustrador debe conocer el
desarrollo senso-motriz de la infancia, con el
fin de entender la actividad
creativa propia del niño; es más, debe
saber que cuando un niño tiene un lápiz
en la mano, lo primero que hace son líneas
sin convicción hasta darle una forma redonda,
a la cual sólo le falta tres puntitos para
que represente el rostro humano, pues los ojos y
la boca son órganos a los cuales el niño
atribuye muchísima importancia. Luego de los
ojos y la boca, dibuja los brazos y las piernas,
consistentes en dos rayitas verticales y horizontales.
Posteriormente, éstas líneas difusas
toman forma más estilizada y realista, a pesar
de que muchos niños, a la edad de ocho años,
siguen haciendo composiciones abstractas y expresionistas
que, para un adulto, son de difícil comprensión,
o como diría Pablo Picasso: imitar los seres
y las cosas resulta muy sencillo para el pintor,
lo difícil es imitar la creatividad de los
pequeños pintores.
Los niños, entre los nueve y doce años,
tienen mayor interés en los dibujos que mejor
reflejan la realidad, aunque no con la misma exactitud
de una cámara fotográfica que, por
lo demás, es menos estimulante que el dibujo.
Empero, cuando ingresa en el período crítico
de la pubertad, prefiere tanto la imagen realista
como el dibujo experimental, sobre todo, la técnica
llamada "cartón", que es propio
de los tebeos o las historietas.
Según señalan los expertos, el dibujo
tiene una propiedad icónica, debido a que
imita la realidad por medios ilusorios. El análisis
está basado en principios semióticos.
Nos valemos de la semiótica como método
para analizar la estructura del dibujo y los diferentes
códigos de los símbolos. Esto se usa
para caracterizar las diferentes convenciones idiomáticas
de la comunicación, y una de esas formas de
comunicación es el lenguaje de la imagen visual.
El niño, por medio de sus dibujos, refleja
su propio mundo interno, sus pensamientos y sentimientos,
todo aquello que no puede expresar por medio de las
palabras. El idioma gráfico del individuo
nos entrega hilos conductores para analizar sus experiencias
y su madurez intelectual.
La fantasía del niño no está divorciada
de la realidad. Los niños organizan y estructuran
el caos del universo por medio de la palabra y el
dibujo. Si el niño se expresa de manera espontánea
por medio de los dibujos es porque algo tiene que
contar, algo que no lo puede expresar por medio de
la palabra oral o escrita. Una simple expresión
gráfica a temprana edad puede revelarnos su
fuero interno y su forma de concebir el mundo.
Para Jerónimo Bruner, la temprana creación
pictórica ayuda a entrenar las funciones de
la memoria y es determinante en el desarrollo idiomático.
Bruner concibe la imagen gráfica y el idioma
verbal como una evolución ordenada durante
el período preescolar y considera el lenguaje
escrito como algo único en el desarrollo cognoscitivo.
Lo mismo que para el psicólogo ruso Lev Smenovitj
Vygotskij, el dibujo, además de desarrollar
la destreza motórica del niño, es el
primer paso del lenguaje escrito y una poderosa herramienta
para el pensamiento, ya que las letras no son más
que una suerte de dibujos en miniatura.
El artista, dedicado a ilustrar
libros para niños
y jóvenes, está en la obligación
de interiorizarse en el mundo que va a pintar, para
que a partir de esa realidad pueda desarrollar una
labor fecunda, consciente de que la imagen gráfica
sirve para motivar y estimular el gusto por la lectura.
La conocida ilustradora Monika Deppert, refiriéndose
a este tema, apunta: "Para poder dibujar un
pedazo de realidad, tengo que vivirla y sentirla.
Si se trata de una realidad alejada de la mía,
tengo que ir a buscarla y exponerme a la experiencia
directa. Esto no puede ser sustituido por medio de
mirar fotografías y leer libros" (Deppert,
M., 1985, p. 5).
En efecto, el arte de la ilustración, que
se ha incrementado en la literatura infantil, es
la puerta que conduce hacia el complejo proceso de
aprendizaje de la lectura, o como sostienen Verónica
Uribe y Marianne Delon: "Las imágenes
y la concepción gráfica son de gran
importancia en un libro para niños. En el
aprendizaje de la lectura y en la consolidación
de hábitos de lectura, las imágenes
juegan un papel interesante de apoyo, motivación
y apresto a la lectura. No deben ser simples adornos
del libro ni debemos considerar que simplemente hacen
al libro más bonito. Las imágenes constituyen
por sí mismas un lenguaje de fácil
aprehensión por parte de los niños,
que pueden tener tanta o más importancia que
el lenguaje escrito. Por este motivo, es indispensable
prestar atención a la calidad gráfica
de los libros para niños" (Uribe, V.-
Delon, M., 1983, p. 27).
Sin embargo, a pesar de estas
consideraciones, todavía
hay quienes niegan la importancia de las ilustraciones
en la literatura infantil, sin considerar que, a
veces, para los niños es más relevante
el lenguaje visual que el lenguaje hablado o escrito,
no sólo porque vivimos en una sociedad dominada
por la imagen gráfica, sino porque la ilustración
es un poderoso medio de comunicación y un
excelente recurso didáctico en el sistema
educativo.
BIBLIOGRAFÍA
Carlsson, Hans: Utvecklings psykologi, Boktryckeri
AB., Kristianstad, 1985.
Doppert, Monika: La ilustración
de un relato guajiro, Revista Parapara, No 11,
Caracas, junio
de 1885.
Lionni, Leo: Ante las imágenes,
Revista Parapara, No 11, Caracas, junio de 1985.
Unamuno de, Miguel: Recuerdos
de niñez y
de mocedad, Ed. Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1942.
Uribe, Verónica. Delon, Marianne: La selección
de libros para niños: la experiencia del Banco
del Libro, Revista Parapara, No 8, Caracas, diciembre
de 1983. |