El Arbol

El árbol
A Viviana Maizón
para Mariángeles, madrina
para mí, hermana.

Era un jacarandá, pequeño y frágil.
Vos naciste y él sintió su transplante.

Empezó a crecer y a esforzarse
por amasar la ternura verde de sus hojas aladas,
por enhebrar las ágatas de sus flores insólitas,
por tallar los caireles de sus semillas pardas.

Empezó a crecer y a esforzarse
por ser una sombra generosa para la ventana,
por agrandar el jardín con sus delagadas ramas,
por confirmar la certeza de que estará mañana.

Hoy es un árbol.
Lleva tu nombre.
Tiene tus años.
Echó raíces.
Crece sin pausa.
Cumple su tarea de recordarnos
el milagro de tu vida
y la magia de saber amarnos.

Viviana plantó frente a la ventana de su cocina un pequeño jacarandá. Le puso por nombre Mariángeles para recordar, cada vez que lo ve, a su ahijada. Esto sucede numerosas veces al día ya que pasa muchas horas en su cocina y lleva a esta niña en su corazón.

El Arbol
Deslizar arriba