Firme y retorcido
en pie sigue el viejo tilo
esperando paciente
que su sangre despierte.
Con su manto de azahares
con antiguos recuerdos
un eterno renacer
de sus pequeñas muertes.
Mil tintes gastados
de pinceles vivientes
que inunden y enamoren
que pinten y derramen
en el aire aburrido
de aburridos ventanales
y jardines impacientes.
En los brazos
de septiembre
viste su vida
verdores estridentes
bajo los rayos traviesos
de los atardeceres.
Firme y retorcido espera
de la flor su aroma
del gorrión un nido
en el lienzo sueña el árbol
que al fin está vivo.