Juego de Niño

Juego de Niño

de Margarita Iguina Bravo (sugerido para niños a partir de 12 años )

A Luis Manuel  le extrañó  que Rosi, su tía, lo invitara  al Centro Comercial en vísperas de Reyes,   y más aún, que lo dejaran ir solo con ella pues su papá piensa que es un poco alocada. Salen  a escondidas de su hermanita porque la nena solo tiene cinco años y espera ansiosa la llegada de Santa Claus y los Reyes Magos. Luisma tiene doce años y aunque sabe algunos secretos  continúa esperándolos  con la misma  ilusión, aunque no siempre le traen lo que pide.
                  El niño  aprovecha el viaje y lleva consigo los cuarenta dólares que le trajo Santa Claus  en la casa  de la abuela para comprar un videojuego  de carreras de auto para el Play Station TV. Después de hacer varias compras ambos  se detienen frente a una tienda de videojuegos y con cara de niño bueno pregunta.
 —Titi, ¿me dejas entrar ahora aquí para comprar un video juego? La otra tienda queda  en el tercer piso.
—Santa no te trajo ningún juguete electrónico— le contesta la tía.
—No, lo sé, pero yo juego en el Play Station de Lucy, mi vecina y  sé que si yo le presto un juego nuevo ella me dejará usar su juguete electrónico por más tiempo.
 —OK, te dejo en la tienda, llevo los paquetes al auto, pero no te muevas de aquí que yo regreso  a buscarte en media hora, ¿entendido?
—Tía, yo soy judoka.
—Sí, pero solo tienes doce años— le dice y ambos sonríen al unir los dedos meñiques.
           Cuando Luisma  entra hay tanta gente que apenas se puede caminar. Al frente vigila un guardia de seguridad y la tienda está protegida contra robo por un detector  que hay  que cruzarlo para entrar o salir de la misma. Enseguida se dirige a la sección de los videojuegos y tiene  que esperar para poderlos ver de cerca. Cuando empieza a buscar el de carreras de auto  solo queda uno de los que él desea .Apenas alcanza a ver el precio cuando un mozalbete se lo arrebata y se lo da al compañero. “Total, no lo puedo comprar pues  cuesta veinte pesos más de los que traje”, piensa en un tono resignado.
 Los dos muchachos se mofan de él, pero no se inmuta  ya que está acostumbrado a escuchar a diario los sobrenombres que sus compañeros le llaman  por ser miope y usar unos lentes con mucho aumento.
Decide visitar otras secciones de la tienda para dar tiempo a que llegue la tía. Al dar la vuelta ve de nuevo a los muchachos y puedo observarlos con detenimiento. “Usan la ropa tres tallas más grandes. Uno lleva una bolsa de Macy’s   y el otro debe haber escondido allí el videojuego. No lleva nada en las manos. Esto es sospechoso. Voy a seguirlos”.
                Llega a la sección de aparatos fotográficos donde unos señores miran  las cámaras digitales  que el vendedor ha sacado y puesto sobre el mostrador. Luisma ve cuando uno de los dos muchachos  finge un tropezón  y cae al piso. El otro, en vez de ayudarlo, aprovecha que el dependiente y los señores ayudan  al compañero a levantarse y se acerca al mostrador,  agarra una cámara y la esconde debajo de la camiseta. Nadie más se da cuenta del robo.  Luisma se envalentona y decide seguirlos a pesar que está temblando del miedo. Cuando los mozalbetes se dan cuenta que los vigilan, le hacen un gesto amenazante con la mano como si quisieran cortarle el cuello. Luisma queda petrificado.  Hace un esfuerzo, sale de prisa y se detiene  al lado del guardia.
       —¿Pue…puedo esperar aquí a mi tía —pregunta con voz entrecortada.
       —Claro, ¿te sientes bien? Estás bien pálido.
       —Estoy un poco can… cansado.
                En ese momento la alarma comienza a sonar cuando los ladrones salen a la  carrera de la tienda. Luisma extiende  la  pierna izquierda.  Tropiezan  con él y todos  caen  de bruces al suelo. Mientras, la bolsa de Macy’s se abre y salen  varios video  juegos y una cámara digital  al descubierto. El guardia de seguridad se lleva a los ladrones  bajo arresto.
                 En su semi inconsciencia Luisma sueña que les ha hecho frente con unos agarres de judo  y los ha  dominado y puesto en evidencia.  La tía llega y asustada  se arrodilla al lado de su sobrino tendido en el piso que comienza a despertarse sin saber lo que ha pasado al final. Entonces ella recoge los espejuelos del suelo y le ayuda a colocárselos y con cuidado ambos se levantan.
El gerente de la tienda como recompensa por el mal rato sufrido y porque gracias a él han  recuperado la mercancía robada, le regala el videojuego.  Luego Rosi lo lleva  a comer mantecado, pero antes le hace  prometer  que no va  a contar en la casa  ningún detalle de lo sucedido.
       — ¿Prometido?
       —Prometido— contesta el niño y ambos chocan las manos y sellan  la promesa agarrándose de los meñiques.
       —Si no dices nada  a lo mejor los Reyes Magos mañana te dan una sorpresa —le dice haciéndole una guiñada de complicidad.

Talleres literarios y de escritura para chicos y grandes en Pablo Podestá – Tres de Febrero.

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