Publicado en Cuentos
TITINA LA ASTRONAUTA
HEBE ZEMBORAIN
Titina es una mariposita muy traviesa y la mamá está preocupada porque no escucha sus recomendaciones : Titina, no debes volar a poca altura. Titina, no te acerques a la gente. Titi-na, no te alejes demasiado, las mariposas deben estar muy atentas porque hay peligro en todas partes. Sí, mami… – contesta ella poniendo los ojos hacia las nubes mientras piensa: ¡ Cuántos no, no, no… es muy aburrido! Y ni bien la madre se descuida, ya vuela entre los jardines o por las calles. Y se posa en las vidrieras, en la cabeza de los chicos, en las solapas de los señores y sobre la espalda de las señoras y claro, siempre hay una mano que se acerca y… ¡Zipp!.. Por suerte Titina es tan rápida que nadie logra cazarla. Una mañana, después de visitar esta flor, aquella otra y la de más allá, se detuvo en la punta de un pino y pensó: Estoy aburridísima, es necesario que haga algo diferente, pero ¿qué?… ¡ Ya sé! ¡Haré un vuelo espacial! Y allí nomás, empezó a volar hacia arriba… hacia arriba… hacia arriba, cada vez más alto, más alto, más alto. Después de un rato de vuela que te vuela se sintió fatigada y decidió des-cansar. Vio un imponente edificio y enfiló hacia él. Se posó sobre el alféizar de una ventana y soltó un suspiro de alivio tan lar-go, tan largo que casi se desinfla. En ese momento oyó una voz: _Hola… ¿cómo estás?.. No se daba cuenta de dónde provenía hasta que descubrió en un ángulo una arañita roja que tejía y retejía su tela muy entusiasmada. _¿Estás paseando? –preguntó la voz. _No, estoy descansando de mi vuelo espacial… – dijo Titina muy pancha moviendo las antenas. Le pareció oír una risa pero siguió hablando. _Decidí realizar un viaje espacial para conocer algo más fuera de este mundo aburrido. Esta vez ya no le pareció oír, oyó una carcajada. _¿Qué te causa tanta gracia, si puedo saber? -preguntó Titina fastidiada. _Perdón, no me quise reír pero creo que el espacio está muy pero muy le-jos. _¡Ja! ¿Y eso qué importa? Yo vengo de una familia de marinautas, para que sepas. _¿Mari qué?.. _Mariposas astronautas. La familia de mi papá, mis abuelos, tíos, tías, pri-mos y demás, son de la rama de las Monarca y para que te enteres, viajan enormes distancias, por ejemplo desde Canadá, que no sé bien dónde que-da, hasta México, que tampoco sé dónde es, pero sí sé que son miles de kilómetros. La arañita enmudeció. _Y por si eso no fuera suficiente, te aclaro que la familia de mi mamá per-tenece a la especie de las mariposas Dama Pintada. _¿Y con eso?.. _Con eso te digo que ellas viajan desde Australia a Nueva Zelanda, ignoro dónde están estos sitios, pero hay muchísimos planetas entre ellos. Del asombro la araña se deslizó por su tela y estuvo a punto de caer pero reaccionó a tiempo y preguntó con un hilo de voz: _¿Muchos planetas?.. _¡¡¡Pufff!!! –exclamó Titina y casi la hace volar con tela y todo. _¿Puedo preguntarte algo?.. –susurró la arañita sujetándose. _Por supu… Pregunta nomás… _Me… me llevarías al espacio espacial? _¿¡Llevarte!?.. _Sí, te aseguro que no peso casi nada ¡y vos sos tan fuerte! Halagada por el elogio contestó: _Te llevaría encantada pero no sé cuánto tiempo durará el viaje… _Qué lástima, con lo que me gustaría volar… ¡ Aunque fuera una vez!.. La voz era tan triste que Titina, conmovida, decidió: _Está bien, no prometo llegar al espacio espacial pero sí dar un gran paseo, si te animás… _¡Claro que me animo! Y sin más ni más, saltó con tela y todo y se acurrucó entre las alas de Titina que tomó impulsó y salió volando. Primero enfiló hacia arriba y por varios minutos ascendió, ascendió y as-cendió. La colorada espiaba bien aferrada y bien quietecita. De pronto, la mariposa comenzó a jugar con el aire, bajaba en picada, gi-raba a la izquierda, luego a la derecha, hacía un gran círculo y después una espiral que parecía no acabar y volvía a subir, a subir y a subir. _¡Qué belleza, qué belleza! –repetía la pasajera Titina se inflaba de orgullo. Mostraba que era capaz de las piruetas más espectaculares y prendida a ella como una garrapata la araña exclamaba: _¡Por los telares de mi abuela, qué maravilla! -Y sentía la cabeza girando como un C.D. Hasta que Titina comenzó a notar cansancio y entonces voló como si baila-ra un vals, iba descendiendo con lentitud en un delicado movimiento ondu-lante, primero hacia un lado, después hacia el otro, igual que un péndulo, cada vez más bajo… más bajo… más bajo… Hasta que se posó sobre un rosal y esperó. Sorprendida al no oír nada murmuró: _Hola arañita… hiujuuu… -Movió sus antenas preocupada y se pregun-tó:¿la habré perdido en el camino? Concentró su atención y entonces se dio cuenta de que su amiga pendía de un hilito y envuelta en su tela giraba y giraba y giraba… ¡mareada como un trompo! Desde ese día Titina no buscó más aventuras espaciales, con su amiga reali-zaban espectaculares paseos sobre los jardines, a veces acariciaban alguna nubecita perdida o seguían las filas de los gorriones y cuando se cansaban… dormían la siesta en la punta del pino. |
PARA LEEME UN CUENTO, CON MUCHO AMOR.- HEBE*
TITINA LA ASTRONAUTA – HEBE ZEMBORAIN
