La anciana y el ratón

Había una vez, una ancianita llamada Angelita. La ancianita vivía en una hermosa casita en el campo. Durante el día, arreglaba el jardín, limpiaba, cocinaba y tejía.
Todas las noches se sentaba en un cómodo sillón, leía uno de sus libros favoritos, tomaba un rico te, y comía una deliciosa porción de torta de chocolate.
Angelita disfrutaba muchísimo de esas noches de lectura, hasta que un día, descubrió que un pequeño ratoncito le comía la torta de chocolate, tomaba su té y ,leía su libro.
Al día siguiente ,se encontró con el cartero y le contó lo que le sucedía, él le aconsejo que comprara un gato así podría atrapar a ese ratón sin vergüenza.
Tan pronto como pudo fue a la panadería, compró la torta y le pidió uno de sus gatos a la panadera. Al llegar se encontró que el gato solo hacia travesuras, destruía sus platos de porcelana y durante la noche dormía mientras que el pequeño ratón comía la torta de choco, leía el libro y tomaba el té.
Al día siguiente, Angelita fue a la verdulería y le contó su problema al señor verdulero quien le aconsejó comprar un perro pero al llegar mientras el gato rompía la casa el perro hacía pozos en el bello jardín y el ratoncito seguía comiendo la torta de choco, tomando el té y leyendo el libro.
Desesperada Angelita le preguntó al señor carnicero que podía hacer y el le respondió que lo mejor era comprar un búho pero al llegar a la casa descubrió que el búho dormía de día y volaba toda la noche rompiendo todos sus bellos adornos de las paredes.
Mientras tanto el gato dormía y el perro también porque estaban súper cansados. Aprovechando esta oportunidad el ratoncito seguía comiendo la torta, leyendo el libro y tomando el té.
La ancianita harta pero muy harta de la situación le preguntó a la veterinaria que animal sería el mejor y ella le recomendó una serpiente. De regreso a casa llovía muchísimo y la serpiente se resfrió entonces la pobre ancianita le tuvo que ofrecer su linda cama y darle la medicina, mientras cada animalito hacía lo que quería el ratón también.
Al ver que ningún animal podía solucionar su problema se le ocurrió una genial idea; comprar una trampera . Esa misma noche le puso queso y esperó dormida en una silla pero al despertar la trampera estaba intacta, su idea no había sido tan buena ya que a este ratón el queso por lo visto no le gustaba.
Angelita pensó, pensó y pensó hasta que llamó al cartero y le dijo que se llevara todos los animales y ordenó toda su casa. Al ratito fue a la panadería y compró una enorme torta de choco y un librito. Cuando llegó la noche mirando su impecable casa llamó al ratoncito le convidó té en una tacita, le sirvió una riquísima porción de torta de chocolate y le ofreció el librito que había comprado. Después de todo era mejor tenerlo como amigo y tener un compañero de lectura ya que era el animalito que mejor se portaba y compartían los mismos gustos.
Camila Sueldo
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