EL HOMBRE QUE NO SABÍA REÍR 8 – Zunilda Borsani

Cuento de Zunilda Borsani . Ilustraciones de Adriana Borsani

El hombrecito sonriente, apretó con fuerza la mano de la niña y con voz entrecortada le preguntó:
– Iremos a ver al violinista ¿Verdad?
– Claro que iremos, sólo te estaba esperando – dejo la niña – mientras bajaba cuidadosamente el escalón que la separaba de la vereda. Sus padres los observaron con beneplácito y saludaron desde la ventana.
¡ Cuídate hijita! Saluda a Pedro por nosotros. Cuide de nuestra hija, por favor, señor.
– Descuide señora, volveremos en un ratito.
– Agustina ¿sabes el camino, verdad?
– Por supuesto amigo mío, por supuesto.
Los dos amigos juntos de la mano, se fueron alegres a lo de Pedro.
La mañana era espléndida, las casitas del pequeño barrio estaban más bonitas que nunca, o por lo menos, así las veía nuestro hombrecito, quien apretaba con fuerza la mano de la niña.
Al llegar a la casa de Pedro, las puertas estaban abiertas y al verlos llegar. . .
– ¡Adelante amigos! ¡Adelante! – dijo el muchacho
– ¿Sabes? – dijo Agustina
– Sh… Sh.. No digan nada, tomen asiento donde más les guste. Yo tocaré para ustedes, ya que ha sido mi música quien los ha traído hasta aquí.
Ambos sin decir palabra, se sentaron en el piso y allí escucharon hasta el cansancio, aquellas suaves y deliciosas melodías, que para la niña, parecían venir de un mundo mágico, produciendo en su mente, fantasías que la transportaban hacia aquellos lugares encantados, de los cuentos que le leía su madre.

8 de 9

EL HOMBRE QUE NO SABÍA REÍR 8 – Zunilda Borsani
Deslizar arriba