La lechuza Cachuza
Raquel M. Barthe
La lechuza Cachuza era doctora y tenía un hospital para animales en medio del bosque.
Un día llegó al hospital el sapito Pompón, el único sapo peludo de la laguna.
-¿Qué te pasa? –le preguntó la lechuza Cachuza.
-Yo quiero ser pelado, como todos los sapos –dijo Pompón.
-Ajá, ja, ja… –dijo la lechuza Cachuza-. Pero tener trenzas, no es una enfermedad y lo que necesitás es un peluquero.
Y ahí nomás le cortó el pelo y Pompón se fue muy alegre a nadar a la laguna.
La lechuza Cachuza se quedó un buen rato mirando las trenzas cortadas de Pompón y sin saber qué hacer con ellas. Hasta que llegó el conejo Alejo y entre lágrimas le pidió que lo ayudara porque se le caía el pelo y se estaba quedando pelado…
Entonces a la lechuza Cachuza se le ocurrió una buena idea: con el pelo que le había cortado a Pompón, le hizo una peluca preciosa al conejo Alejo.
Y Alejo se quedó tan, pero tan contento, que le regaló tres zanahorias y se fue saltando por el caminito a jugar con los otros conejos del bosque.
