Cuando estaba prácticamente dentro, el caballero desenvainó su espada y se la clavó en el cuello hasta lo más profundo, cayendo el ogro desplomado tan largo como era.
Los campesinos estallaron en júbilo y cogiendo en voladas a su héroe le llevaron al castillo del Rey.
“Tuya es la mitad de mi Reino”
“No quiero su Reino majestad, solo quiero vuestro pañuelo”.
Muy extrañado el Rey, se lo dio. El caballero, tomándolo con ambas manos se lo pasó por el rostro, limpiándoselo. Fue entonces cuando ya libre de maquillaje, todos pudieron ver con enorme asombro que ¡ el caballero negro!, El mismo que el propio Rey había expulsado de malos modos.