Todas las noches
encendiendo estrellas,
un duende sin coche,
las hace más bellas.
Recoge las nubes,
todas, una a una,
y en silencio sube
a encender la luna.
Y con terciopelo
de oscuros retazos,
nos arropa el cielo
que arrulla en brazos.
Pasa el cerrojo
sobre las pestañas
y esconde los juegos
tras las montañas.
Enciende el silencio
¡… Shhh…! Apaga la luz.
Sin contar ovejas
te has dormido tú.
© Zandra Montañez Carreño